Mujeres jaiberas que desafían el muro de Donald Trump

Publicado en El Debate

Por Ernesto Montoya. Febrero 13, 2017. 

La llegada del nuevo presidente de los EE. UU. pone en la incertidumbre a trabajadoras que año con años cruzan la frontera en busca de un puesto con visa de trabajo H2A o H2B

La noticia de que había ganado Donald Trump les cayó como balde de agua fría, pues gracias a su trabajo en Estados Unidos han sacado adelante a sus hijos, logrando operaciones de familiares y enviando dinero a sus seres queridos. Ahora, la incertidumbre es grande: ¿volverán a su trabajo?

Hacen todo lo posible por estar en la lista del reclutador, dejan a los seres queridos y aguantan actos hasta de discriminación y explotación laboral.

Estos son algunos de los sacrificios que hacen las mujeres jaiberas del norte de Sinaloa, que por temporadas se van a diferentes regiones de los Estados Unidos a trabajar con documentos en orden.

Empero, la llegada de Trump como presidente de la Unión Americana las tiene en la incertidumbre y la zozobra porque no saben si en la siguiente temporada podrán regresar a su lugar de trabajo.

Mujeres mil usos

Argelia Acosta Buitimea es una de tantas mujeres sinaloenses que pasan a los Estados Unidos con una visa de trabajo H2B.

Tiene su hogar en el Cerro Cabezón, una comunidad pesquera perteneciente al municipio de Guasave, Sinaloa.

Sentada en un silla de plástico, narra que en 2006 fue la primera vez que decidió ir a trabajar con los «gringos».

Se fue con su cuñada a una planta de camotes en Carolina del Norte. Los motivos fueron dos: por necesidad económica y porque fue invitada por una amiga, lo que le dio confianza.

Su casa, una construcción de dos cuartos de material, está cerca del mar; un lugar natural que genera empleos y alimentos en las comunidades pegadas al litoral, pero que -a decir de Acosta Buitimea- no es suficiente para sacar adelante a la familia: «Aquí ya no hay trabajo en el mar, no hay producto y uno tiene que ir a buscar la manera de seguir adelante».

Es una mujer convencida de que al cruzar la frontera encontrará un empleo seguro, ya sea en el descarne de la jaiba y del crawfish; en el descabezado de camarón o en el camote. «Todo depende de con quién te vayas», explica.

Es consciente de que a veces no sabe si va a volver a trabajar con el mismo patrón. La incertidumbre está presente, pero eso no le importa a ella -sostiene-, mucho menos la limita, ya que busca con quién regresar.

Detalla que su recorrido por los distintos trabajos en los Estados Unidos no se ha circunscrito a uno solo: la planta camotera, el descarne de la jaiba, la limpieza de tanques de petróleo, la limpieza de casas, incluso en la venta de tortillas de harina -que en su tiempo libre se puso a hacer para vender-.

Estas son tan solo algunas de las labores que realizó Acosta Buitimea, que, a pesar de tener diabetes, busca seguir pasando a los Estados Unidos.

La noticia de que había ganado Donald Trump les cayó como balde de agua fría. Ella y sus paisanas vivieron de cerca las elecciones presidenciales, ya que todavía seguían en territorio estadounidense.

Aunque ellas no podían votar por cualquiera de los candidatos a ocupar la presidencia de la nación más poderosa del mundo, deseaban que ganara Hillary Clinton: «Estábamos nerviosas. Queríamos que ganara la mujer porque decíamos: “Que no gane, que no gane (Donald Trump) porque si gana ya no nos va a dejar pasar para acá (Estados Unidos)”».

Defensora de migrantes

Olivia Guzmán es otra de las mujeres de Sinaloa que tiene varios inviernos cruzando a los Estados Unidos con una visa que otorga el Departamento de Trabajo de la nación norteamericana.

Su experiencia es distinta. Vive en la sindicatura de Topolobampo, Ahome. Casi en las faldas del cerro de la Termo.

Su casa es de material, adornada con una modesta cantidad de plantas de la región. Hoy se dedica al hogar y a dirigir una organización. A ella le tocó ver el triunfo de Trump desde su hogar. No teme lo que venga de la mano del nuevo presidente porque no hay nada peor que lo que ya se vive cuando se cruza: «Hay discriminación desde que entras al Consulado», cuenta.

Guzmán relata que el 2014 fue el último año en que pisó la planta de crawfish, ubicada en Louisiana, Estados Unidos. La razón: su último patrón ya no la aceptó por ser parte de una organización que formó, cuyo objetivo es proteger y difundir los derechos de los trabajadores en los Estados Unidos.

«Formamos nuestra coalición aquí y empezamos a hacer campañas allá. Mi patrón me discriminó por ser parte de la organización», cuenta.

Desde mediados de los 90, a uno pocos años de haber entrado en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994), Olivia Guzmán -quien tenía sus hijos en la universidad- se propuso a buscar una mejor oportunidad. El destino no era el puerto, sino cruzar a los Estados Unidos.

Era joven y con ganas de sacar adelante a su familia. Narra que la travesía no ha sido fácil: cumplir con las condiciones de los reclutadores para que estés en su lista para llevarte a trabajar, la explotación laboral y hasta la discriminación son los tragos amargos que viven algunas mujeres y hombres que se ven obligados a regresar a los Estados Unidos, menciona.

Violaciones

María Ontiveros es de El Tajito, Guasave, y tiene 16 años que no falta al descarne de la jaiba en Virginia. Su estadía también es distinta. No hay un intermediario entre ella y el patrón.

Cuenta que todos los años el jefe le manda para los gastos de traslado de Sinaloa a Virginia. No obstante, manifiesta que hay incertidumbre por la llegada de Trump porque ir al norte representa un ingreso para la familia.

«No vamos a decir que si nos quedamos en México nos vamos a morir de hambre; hay que buscarle, pero sí se siente un temor», comenta.

Elena Villafuerte Mata, integrante del Área de Justicia Transnacional en el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC), detalló que el programas de visas de trabajo es manejado exclusivamente por el gobierno de los Estados Unidos, y que ellos no se hacen responsables del proceso de reclutamiento en México, que eso -refirió- tendría que ser una responsabilidad del gobierno mexicano, que en la realidad no ha asumido.

«Ha sido el trabajo de organizaciones como ProDESC justamente en hacer un proceso de incidencia de asegurar que haya protección en este sentido, sobre todo por el gobierno mexicano», dijo.

Explicó que en el proceso de reclutamiento hay violaciones de tener un trabajo libremente escogido al derecho a la libertad de asociación sindical que pueda derivar en acciones colectivas de trabajadores para ejercer la defensa de sus derechos, así como al derecho a la no discriminación en el lugar de trabajo.

Agregó que también se da el hostigamiento y las amenazas: «No solo hostigamiento común, sino hostigamiento sexual a mujeres trabajadoras, donde incluso los reclutadores piden favores sexuales a cambio de un empleo en Estados Unidos».

Además, aseveró que cuando se llega a territorio estadounidense a un trabajo no se les paga el salario mínimo y las jornadas laborales son muy extensas (de 18 a 20 horas laborales).

Explicó que las personas que pueden cambiar todo el sistema de reclutamiento son los empleadores: «Si estas condiciones se están manteniendo es porque los empleadores lo permiten. Es un esquema muy cómodo: no tienen que intervenir en nada, no tienen que venir a buscar a trabajadores, no tiene que negociar contratos de trabajo; tienen al trabajador sometido», explicó.

Aunque está confiada en que con el nuevo gobierno no vaya a desaparecer el programa de visas H2; al contrario, se va a mantener porque «asegura a trabajadores que están totalmente vulnerables que pueden ejercer la defensa de sus derechos», dijo.

Derechos

Olivia Guzmán es fundadora de una coalición de trabajadores

Olivia Guzmán

Extrabajadora en EE. UU.

«El reclutador tiene el poder de quién va»

«El reclutador viene siendo un trabajador, y es de aquí de Topo. Entonces él se puede decir que tiene ciertos privilegios con el patrón porque tiene una relación directa. De hecho, el reclutador es quien dice quién va y quién no. Ahí vienen los primeros problemas. Nosotros tenemos que arrastrarnos a esos, “hacerles la barba”, y muchos hasta le ofrecen dinero para tener una visa asegurada para regresarse el otro año. Si a él no le caes (bien) o si hiciste algo que a él no le gustó, ya no regresas porque él tiene el poder de decidir».

«Nosotros por eso formamos una coalición de trabajadores por los fraudes que han habido aquí por los reclutadores»

Empeño

Argelia Acosta desde el 2006 va a trabajar a los Estados Unidos

Argelia Acosta

Trabajadora en EE. UU.

«Vale la pena trabajar en los Estados Unidos»

«Sí vale la pena ir a trabajar a los Estados Unidos porque estábamos peor. Mire, le voy platicar: mi papá tenía cataratas, y pues gracias a Dios me fui para allá y de perdida le operaron un ojo. Mi papá no miraba. Aparte, le estoy metiendo a mi casa. Cada semana le estoy mandando a la familia para que estén comiendo. También guardaba dinero para cuando volviera a Sinaloa en diciembre. En mayo es cuando la gente empieza a regresarse a los Estados Unidos porque es cuando ya hay jaiba. Si mandan por mí, voy a regresarme; pero si no, voy a buscar».

«Estábamos nerviosas porque decíamos: “Que gane la mujer, y -decíamos- que no gane (Donald Trump) porque si gana ya no nos va a dejar pasar”»

Oportunidad

María Ontiveros tiene 16 años que trabaja con el mismo patrón

María Ontiveros

Trabajadora en EE. UU.

«Mi experiencia en EU es muy buena»

Para mí ha sido una muy buena experiencia porque adonde me voy, aparte de pacífico y tranquilo (Virginia), el patrón es un excelente patrón. De él no se puede decir nada negativo. Las condiciones en las que nos tienen y nos han tenido son muy buenas. Él nunca nos ha tenido en unas condiciones de que nos falte algo. Están al tanto de que no nos falte nada en el departamento. Desde hace 16 años he estado con el mismo patrón. El patrón nos paga todo en el traslado de Sinaloa a Estados Unidos; no hay intermediario ni contratistas».

«Se dice mucho. Se quiera o no, se siente temor por lo que se escucha, pero igual nos quedamos en México, pues es nuestro país»

Cifras

60 % de las personas económicamente activas de Topolobampo trabaja con visa H2B.

11 años tiene la vecina del Cerro Cabezón como trabajadora migrante.

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