Discurso de Alejandra Ancheita durante la ceremonia de premiación Martin Ennals

Ginebra, Suiza, 7 de octubre de 2014.

Muy buenas tardes a todos y todas. Para mí es un gran honor estar hoy aquí recibiendo el premio Martin Ennals en reconocimiento a mi trayectoria y trabajo por la defensa de los derechos humanos en México. Quisiera comenzar agradeciendo y reconociendo a mis colegas nominados, Adilur Rahman Khan de Bangladesh y Cao Shunli de China. Sin lugar a dudas su trabajo merece ser reconocido y celebrado como testimonio de valentía y entrega por la justicia en su país y en el mundo, pero principalmente como una muestra del coraje que implica vivir la alegría del trabajo por las y los otros. Ha sido un honor para mi compartir la nominación con ambos y hago extensivo este reconocimiento a Adilur, Cao y sus familias.

También quisiera agradecer a las organizaciones parte del jurado: Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Human Rights First, Federación Internacional de los Derechos Humanos, Organización Mundial Contra la Tortura, Comisión Internacional de Juristas, Front Line Defenders, International Service for Human Rights, Diakonie y Hurridocs. Por su compromiso para construir no solo reconocimiento a los y las defensoras de derechos humanos, sino también condiciones de seguridad para seguir haciendo nuestro trabajo con el menor riesgo posible. Muchas gracias también a los integrantes del Consejo del Martin Ennals por su compromiso con el movimiento internacional de los derechos humanos.

Hoy los y las defensoras de los derechos humanos en México enfrentan cada día acciones de violencia, intimidación y amenazas por defender los derechos humanos, y un 95% de los casos denunciados se mantienen en la impunidad. De manera particular las defensoras de derechos humanos enfrentamos una doble acción de represión, por ser defensoras y por ser mujeres que rompemos con el estereotipo que la convencionalidad nos impone. A todas ellas mi reconocimiento.

En los años recientes los y las defensoras de derechos humanos vemos con preocupación el aumento de la criminalización de la exigencia del respeto a los derechos humanos de diversos colectivos y comunidades indígenas y campesinas en México. La violencia incontrolable, un ejercito que continúa violando los derechos humanos sin ningún control – como recientemente lo muestra la matanza del caso de Tlatlaya en el Estado de México – la falta de una acción efectiva para la investigación que dé respuesta a miles de padres y madres de desaparecidos – como en el caso recién de la desaparición de 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa en el Estado de Guerrero –, así como el aumento del feminicidio a nivel nacional; son sólo algunos ejemplos de la grave situación en la que las comunidades están tratando de vivir el día a día. La imposición de un modelo de desarrollo económico que antepone los derechos a la propiedad privada de unos cuantos al bienestar común y los derechos humanos de los demás mantiene un ambiente de estigmatización y violencia para los y las que exigen el respeto de sus derechos y que se imaginan que otra vida puede ser posible.

Para ProDESC, organización que fundé en el 2005 y que actualmente dirijo, este reconocimiento significa una confirmación más del trabajo que venimos realizando por la defensa de los derechos económicos, sociales y culturales en México. La defensa integral y el fortalecimiento de la organización comunitaria son los pilares que ProDESC impulsa en los casos que acompañamos y que benefician a diferentes colectivos y comunidades a los cuales se les pretende excluir de condiciones de vida digna. Con este modelo las comunidades y los trabajadores han podido organizarse colectivamente y ejercer su derecho al desarrollo a como ellos determinen conveniente, muchas veces rechazando el modelo extractivo que las empresas mineras y energéticas pretenden imponer. Aunque este camino es difícil y requiere de innovación constante y presión a todos niveles, ProDESC y los colectivos de trabajadores y comunidades que acompañamos estamos ganando.

Por todo esto, el reconocimiento del premio Martin Ennals lo hago extensivo a todos los y las defensoras de los derechos humanos en México, a mis colegas en ProDESC, a nuestras familias que en la zozobra nos apoyan y acompañan, pero principalmente a todos los colectivos, comunidades y trabajadores que de manera digna siguen luchando y construyendo la esperanza de que otro mundo es posible. A todos y todas ellas va pues este premio y la promesa que ya Pablo Neruda un día nos hizo a todos: “ganaremos nosotros, los más sencillos ganaremos, aunque tú no lo creas, ganaremos”. Ganemos pues a la sinrazón de la violencia. Muchas gracias.

Alejandra Ancheita

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